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jueves, 20 de marzo de 2008

“El circo del doctor Lao”

Si me preguntaran ¿cuál es tu libro favorito? me pondrían en un aprieto, porque yo no sé mentir. Y el libro que más me gusta de cuantos he leído no es ni el “Ulyses” de James Joyce (del que no he podido pasar de las solapas) ni tan siquiera el “Quijote” de Cervantes (que me gusta mucho, y que encontré en casa y leí de motu proprio con doce años atraído por las ilustraciones de Gustave Doré). Mi libro (de ficción) favorito es “El circo del doctor Lao”, de James G. Finney. Lo siento, pero los testigos de Jehová, Chus Lampreave y yo somos así.

Se trata de una novelita publicada originalmente en los EE.UU. en la década de 1.930 que describe la llegada del circo ambulante del Dr. Lao a la ciudad de Abalone. El doctor, un chino misterioso, se ha hecho con la colección más sorprendente de criaturas fantásticas: el asno dorado de Apuleyo, una esfinge, una serpiente marina, un fauno, un perro verde, un unicornio… Ayudado por su único colaborador (nada menos que Apolonio de Tiana) presenta un espectáculo inolvidable a los ciudadanos, escépticos o crédulos, de una ciudad polvorienta arruinada por la crisis económica.

Me quito el sombrero ante la inventiva del señor Finney, su cultura enciclopédica y su sentido del humor.

domingo, 24 de febrero de 2008

La dama o el tigre

Con el fin de mejorar mi inglés de aeropuerto me lancé a leer en v.o. todo lo que había por casa y rescaté del cajón de los papelotes un cuento de Frank Stockton titulado “The lady or the tiger?” que es una joya del género y la obra maestra de su autor.

Un rey semibárbaro imparte justicia de una manera muy curiosa. Cuando la seriedad del caso reclama su presencia, reúne al pueblo en un circo y ofrece un juicio espectacular. El acusado entra en la arena, avanza hasta el palco real, saluda y abre una de las dos puertas que se hayan bajo éste. Si el azar determina su culpabilidad, la puerta que elija dará paso a un tigre. Si el azar determina su inocencia, dará paso a una doncella. En el primer caso el reo será devorado, y en el segundo e independientemente de cuáles sean sus deseos o su situación personal, desposado.

El rey semibárbaro tiene una hija a la que quiere por encima de todo y está, como él, dotada de un carácter de armas tomar. La hija se ve secretamente con el más apuesto y valeroso caballero de la corte. Cuando el rey descubre esta relación, condena al amante a elegir entre la dama y el tigre. Pero en consideración a su alcurnia le es preparada una ceremonia excepcional. Apartan el tigre más feroz de la casa de fieras del rey, y escogen a la doncella más hermosa y delicada de la corte.

La semibárbara princesa es la única persona capaz, por múltiples razones, de averiguar por qué puerta ha de salir el tigre y por qué puerta ha de salir la dama. Pero además, averigua qué tigre y qué dama han sido elegidos. Y aquí es donde la cosa se lía.

Cuando llega el día del juicio, el reo intuye que la princesa puede salvarle, y que se lo hará saber de alguna manera.

La princesa, aprovechando que toda la atención está puesta en su amante, hace un levísimo gesto con la mano y señala la segunda puerta, y el caballero se dirige hacia ella con paso resuelto.

Aquí acaba la acción del cuento, y sigue una pequeña reflexión. ¿Qué salió por la puerta abierta, la dama o el tigre?. Stockton nos sugiere la tortura de la princesa para tomar una decisión. Si el amante, del que nadie duda su culpabilidad, escoge la puerta del tigre, morirá devorado. Pero si escoge la puerta de la doncella, será desposado aun en contra de su voluntad. En cualquiera de los dos casos, la princesa lo pierde. Pero ella toma una decisión y la expresa sin titubeos.

No sé qué hacen los estudios Walt Disney masacrando “La Sirenita” y “La Bella y la Bestia” cuando la literatura estadounidense atesora estas maravillas.

El cuento tiene una continuación que a mí me gusta aún más y que se titula “The discourager of hesitancy” (el que desaconseja la vacilación, o algo así).

Transcurrido un tiempo, el eco del episodio anterior ha traspasado las fronteras del reino, y el monarca de un país vecino envía a cinco emisarios con el encargo de averiguar qué fue lo que ocurrió. Los emisarios se presentan en el palacio y expresan su propósito. Antes de hacerles pasar a la presencia del rey un alto oficial de la corte, que sabe cómo se las gasta el monarca, les cuenta otro sucedido.

Un príncipe extranjero, habiendo oído que el rey semibárbaro escoge como doncellas de la corte a las jóvenes más hermosas del país, acude con la idea de desposar a la más hermosa de todas. El rey monta en cólera, pero disimula y accede. Impone una condición: el príncipe no conocerá a la doncella elegida hasta después de la ceremonia. El príncipe da un respingo, pero la llegada de El que Desaconseja la Vacilación le ayuda a disimular su cólera. Este Desaconsejador es el verdugo de palacio, un individuo armado con un enorme alfanje que le acompañará adonde quiera que vaya, y que le aconsejará en todo momento obedecer sin pestañear las instrucciones del rey semibárbaro.

El enlace es preparado con toda la pompa. Llegado el día, el príncipe es conducido al salón del trono, donde espera la corte, y allí le es cubierta la cabeza con un pañuelo de seda, rasgada la tela de manera que el príncipe pueda respirar, hablar y escuchar, pero no ver.

A una orden del rey semibárbaro, las más extraordinarias damas de la corte se aproximan al príncipe y una de ellas le toma de la mano. El sacerdote que va a oficiar el matrimonio pregunta: “¿Aceptas a este hombre como esposo?” y ella responde: “Sí”. El príncipe y se extasía ante la caprichosa orden real, y se enamora al instante de la doncella.

Cuando la doncella declara su voluntad, aparta su mano y retrocede junto a las demás. El que Desaconseja la Vacilación descubre el rostro del príncipe. El rey le anuncia que la que va a ser su esposa está ahí, y que debe identificarla; si no se decide, o si escoge mal, el Desaconsejador de la Vacilación le cortará inmediatamente la cabeza. El príncipe, aterrado pero fingiéndose sereno, pasa ante la fila de doncellas y advierte que dos reaccionan contra su voluntad. Una sonríe apenas, y otra empalidece. El príncipe vacila, y el rey se enfurece y le urge. El príncipe, tras una serie de cavilaciones rapidísimas escoge a una en particular.

La narración regresa ahora a los emisarios. El oficial de la corte les previene contra la caprichosa imaginación del rey y les asegura que el príncipe escogió a la doncella correcta. “¿Y quién era?” preguntan, y el oficial les dice que si lo adivinan, les revelará cómo terminó el episodio de la dama y el tigre ahorrándoles la entrevista con el rey semibárbaro. Y Frank Stockton cierra el cuento con esta frase: “por lo que sabemos, los cinco emisarios aún no lo han adivinado”.

sábado, 19 de enero de 2008

"Aquí no eres un extraño"

He leído el estupendo libro de relatos de Adam Haslett. Está razonablemente bien escrito y brilla desde la opacidad.

Me gusta “Aquí no eres un extraño” a pesar de que la mitad de sus nueve relatos caminan por un solo lado de la acera porque es tan diferente a la narrativa estadounidense que he leído en los últimos tiempos... El tono de la obra no es trágico, ni melancólico y los personales están bien construidos aunque todos pertenecen a una clase social acomodada (como si un mecánico o una cocinera no pudieran albergar en sus corazones la misma lírica ajustada que sus catedráticos de universidad y sus abogados). Me gusta una frase que cierra un párrafo del relato menos conseguido: “No todos los destinos se parecen; no todo el mundo termina viviendo en pareja y enamorado”. Hace referencia a un hombre que finge no sentirse infeliz, aunque depositó sus ilusiones en alguien que no supo o no pudo atenderlas... El mejor relato es “El principio del dolor”, y con diferencia, donde se expone el estupor masoquista que un chico aprovechable provoca en un compañero suyo del colegio, aturdido por la súbita desaparición de sus padres. Pero el que más me gusta es “El buen doctor”, que expone una situación familiar tremenda desde la perspectiva de un médico rural sobrado de vocación. En general, a parte de una simpatía profunda hacia el ser humano, percibo en esta colección una aún más profunda religiosidad; y sin embargo no me sorprendería que el autor fuese no ya agnóstico sino ateo. Y en cualquier caso, y se agradece, no es el típico escritor estadounidense egomaníaco que sólo sabe escribir acerca de sí mismo.

Hay que acabar con:

Los maratones de aerobic. Pasé por el pabellón de deportes Anaitasuna y entré para echar un vistazo. El aerobic siempre me ha pareció un deporte propio de fracasadas escolares superficiales adictas a las compras y a la comida basura. Pero claro, si reúnes a 200 de esas chicas (y unos 25 chicos) en envidiable forma física bajo el mismo techo, y las pones a bailar con marcialidad prusiana y sincronía japonesa, te imaginas a Leni Riefenstahl babeando y a la plana mayor del III Reich con el brazo en alto y, curiosamente, dan ganas de sumarse a la fiesta.

viernes, 31 de agosto de 2007

Cría cuervos, que te sacarán el hombro

He leído “Así vuela el cuervo”, de Ann Marie McDonald. 1.014 páginas, seis kilos trescientos gramos. Editado por Lumen, testaferro español de Random House. Ah, cuánto bodrio americano se publica en este país. Y digo americano en sentido estricto: entre tonterías norteamericanas (en este caso, canadienses) posmodernas donde todo queda bien explicadito e imbecilidades sudamericanas (chilenas, por ejemplo) donde no se explica nada porque total, para algo se ha inventado el realismo mágico, cada vez aprecio mejor la tradición literaria europea.

Me impulsó a comprarlo una crítica hiperbólica aparecida en el suplemento “Babelia” de “El País”. Debería haber desconfiado: la firmaba una mujer. Y las mujeres no saben hacer crítica literaria. En cuanto un autor mete cuatro pinceladas de feminismo políticamente correcto y presta un detalle mínimo a la infancia, a los perritos y a las muñecas, las críticas literarias se derriten.

Una novela negra grandota”, pensé frotándome las manos: “ideal para entretenerme este agosto”. Bueno, por poco más de lo que me costó podría haber pasado cinco días en Torremolinos a pensión completa y no habría regresado con una lesión de hombro producida por su lectura incomodísima. Cuando digo que pesa 6,300 kgs apenas exagero. Y además, con tapas duras. Hoy mismo lo he tirado a la basura, porque temía que venciera las baldas de mi librería. Y de novela negra nada: rosa, y de ese rosa infantil con el que se decoran las habitaciones de las niñas pequeñas.

La trama es banal. Los personajes, estereotipados. El enfoque, erróneo. La estructura, pobre. El desarrollo, torpe. Me da la impresión de que la señorita McDonald lo “redactó” empleando un dictáfono mientras conducía por las interminables carreteras canadienses, o mientras pedaleaba en la bicicleta estática de su gimnasio. Pero lo peor: desaprovecha una buena idea. Y se queda tan ancha, como si contara con que Atom Egoyan la adapte, mejore y desarrolle en la pantalla algún día de estos.

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martes, 26 de junio de 2007

"Recortes de mi vida" y "¡Bingo!"

He estado simultaneando la lectura de dos libros. Uno estadounidense (“Recortes de mi vida”, de Augusten Burroughs) y otro español (“¡Bingo!”, de Esther Tusquets). Ambos son novelas, ambos son recientes y ambos son breves. Ambos están publicados por Anagrama. Ahí terminan todas sus similitudes.

La novela de Burroughs es un exabrupto sin pies ni cabeza y sin el menor interés, al que llegué por una crítica hiperbólica y totalmente falsa leída en algún periódico. La novela de Tusquets es una miniatura deliciosa con lo que hay que tener, empezando por lo más desacostumbrado: calidad literaria. La novela de Burroughs parece concebida como un argumento cinematográfico; y su autor ha dado en el clavo porque ya la han filmado y no sé si incluso estrenado en España. La novela de Tusquets no se puede trasladar a una pantalla, y sólo ello ya dice mucho en su favor.

Si enfrentáramos a las dos novelas en un cuadrilátero, la de Tusquets ganaría por K.O. técnico en el primer asalto. Sería como si un boxeador ucraniano de 120 kgs de peso y músculos desconocidos para la ciencia le diera una paliza a un niño vietnamita expulsado de un orfelinato por negarse a comer.

Y ahora me pregunto yo: ¿Qué presiones recibe Anagrama por parte de la editorial americana que ostenta los derechos en lengua inglesa para publicar semejante bodrio infame en lengua castellana? ¿Tiene Esther Tusquets alguna posibilidad, y no estamos hablando de una chica que empieza, de publicar en los EE.UU.? ¿Por qué si John Irving se saca un moco de la nariz y lo pega en un micrófono todos los periodistas del mundo experimentan un orgasmo? ¿Por qué si Esther Tusquets, la editora más importante de España en su momento, gran escritora y fabulosa tituladora, crea una novela entretenida e impecable como mucho su eco, minoritario, sólo llega hasta Andorra la Velha?

Se supone que los hechos narrados en "Recortes de mi vida" son reales, luego Burroughs ha escrito una autobiografía. Vale. O miente como un bellaco, o es un exhibicionista patológico. O simplemente, es estadounidense: parece que no haya un solo escritor al norte del Río Grande capaz de escribir ficción. Pero en el fondo no importa tanto: allá cada cual con su falta de pudor. Lo malo es que Burroughs escriba de pena. Que no sepa hilar un párrafo, no pueda transmitir la menor carga poética, ni dramática. Que carezca absolutamente de sentido del humor.

sábado, 5 de mayo de 2007

"Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay"

He leído una novela de Michael Chabon, escritor estadounidense a quien llegué gracias a una crítica hipérbólica de “Revista de Libros”.

Le dieron el Pulitzer. Que me lo expliquen, por favor ¿Es un premio tipo Planeta o es que no había nada mejor que premiar?.

Narra la peripecia vital de un refugiado centroeuropeo en los EE.UU. El principio es bueno, con la huida del protagonista de la Checoslovaquia invadida por los alemanes, dentro del sarcófago que esconde al auténtico Golem de Praga, pero a partir de su llegada a los EEUU el argumento deja de interesar a no ser que seas (no es mi caso) un forofo del comic de superhéroes de los años cuarenta. No hay evolución dramática, ni peripecia vital, ni romance, ni nada de nada. Ni siquiera hay una acumulación de sucedidos. El contrapunto al protagonista es su primo, a quien Chabon podía haber sacado mucho provecho en vez de ningunearlo del peor modo mientras se obstina en describir durante centenares de páginas las aburridísimas entretelas del negocio de la historieta americana para terminar en un sorprendente y decepcionante (por lo breve) capítulo ambientado en la Antártida que no pega ni con cola con todo lo anterior, antes de rescatar al pobre Golem convertido en polvo como si hubiera hecho una lectura apresurada de las primeras páginas y se hubiera dado cuenta de que la novela quedaba coja. Lástima, porque Chabon se esfuerza en escribir bien. Pero no lo consigue y para colmo, lo que cuenta no interesa. Eso sí, el libro es muy agradable al tacto y a la vista, como todos los de Mondadori, aunque algunos errores de imprenta tornan incomprensibles ciertas frases

Hay que acabar con:

Los escritores americanos que edita Mondadori. A cual peor.

Aparecer a posta en el libro Guinness. Ojalá la fuerza aérea israelita utilizara como polígono de tiro los pueblos esos donde se hace la morcilla más larga del mundo o la paella más enorme. Otra cosa es la duquesa de Alba o la niña que estuvo hipando durante 38 días seguidos, que aparecen en el libro en contra de su voluntad..

La mala costumbre periodística de llamar a los negros “subsaharianos” y a los gitanos “de etnia gitana” y a las putas “colaboradoras sexuales remuneradas” y a los subnormales “disminuidos psíquicos” y a los homosexuales “gays” y a las mujeres “homínidos hembras”.

Hay que apoyar a:

Las mujeres a las que les gusta el sexo. Ese uno por mil tan mal considerado. Esas chicas cuya sensatez les impide ser prostitutas o parlamentarias del partido liberal italiano y que follan exactamente igual que un hombre: porque sí.

Las personas que hasta hace un par de años alertaban sobre el cambio climático y eran tachadas de locas por la derecha bienpensante y librecambista.

viernes, 4 de mayo de 2007

"Nieve"

He terminado de leer “Nieve” de Orhan Pamuk. He obviado las últimas cien páginas. Aun así el libro me parece bueno, solo que resulta confuso y lo he leído un poco a trompicones de modo que al final no me he enterado de las circunstancias de ciertos personajes. El estilo es elegante, y la historia muy sugestiva, sobretodo al principio (Ka, el protagonista, un hombre derrotado por la vida que viaja a una provincia de Turquía oriental con la esperanza de conquistar a la mujer de la que está enamorado...), pero luego decae debido al empeño del autor por hacer una descripción panorámica de un microcosmos. En fin. Lo mejor tal vez sea el leve tono nostálgico de tiempos mejores (la dominación zarista, la dominación armenia, los primeros años de la república kemalista) en contraste con la cochambrosa actualidad. Una novela muy instructiva, pero moralmente dudosa aunque pase de puntillas sobre la persecución de los cristianos. Soy de la opinión de que hay que tomar parte. Orhan Pamuk no puede retratar equidistantemente a los fanáticos musulmanes y a los militares laicos represores y compensa sus simpatías (y sus antipatías) de una manera un tanto burda.

Por cierto, en su momento El País Semanal publicó una entrevista concedida por Orhan Pamuk a Rosa Montero. La Montero, una fanática de la corrección política y de la idea de Europa como una especie de granja versallesca, rozaba el rizo del ridículo y de la ñoñería, de la visión de anteojeras y de la insensatez más insensata, consiguiendo que su entrevistado replicase a sus estúpidas preguntas y sus torticeras argumentaciones soliviantado desde el principio hasta el final. Lástima que no la recortase.