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jueves, 6 de marzo de 2008

"Las hermanas Bolena"

Ayer estuve viendo “Las hermanas Bolena” de Justin Chadwick. Una especie de culebrón desmayado de bonita fotografía (echada a perder por unos movimientos de cámara criminales), envuelto en ropajes suntuosos y amenizado por una música de anuncio de colonia barata.

El reparto está compuesto a base de bajadas de bragas y favores debidos. Scarlett Johansson da un poco de miedo (demasiado pálida, sin cejas, los labios hinchados como si se cepillara los dientes con una raspa de bacalao enjuagada en agua de mar). Nathalie Portman (¿dónde están el bocio, los seis dedos en cada mano y las tres tetas?) gesticula como una secretaria neurótica en una comedia de situación neoyorkina. Eric Bana tiene aspecto de sufrir una depresión (en la vida real). Los únicos intérpretes ajustados a sus papeles son Kristin Scott-Thomas y sobretodo, Ana Torrent, presentada como una Catalina de Aragón morenaza y antipática, con sombra de bigote. Sospecho que ambas reescribieron personalmente sus intervenciones. O se las apañaron con sus propios guionistas. El guión “común” probablemente esté inspirado en una novela rosa escrita por una novelista cursi con lectoras tontas.

A ver si consigo en el videoclub “Ana de los Mil Días”, que me encantó cuando la televisión existía (o sea: en mi infancia).

miércoles, 6 de febrero de 2008

Cine francés

El sábado vi en casa una peli de François Ozon, director francés que no me gusta demasiado pero que me atrae visualmente. Sus películas son fastuosas, con una fotografía magnífica y unos encuadres soberbios: algo aberrante en la cinematografía francesa. Lástima que lo que cuente, o no me interese o me decepcione. La que comento me decepcionó, porque a priori parecía de lo más interesante: un joven disoluto al que se le diagnostica un cáncer en fase terminal, se enfrenta a la idea de la muerte, y cae en la cuenta de que su vida ha sido totalmente vacía, y corre a los brazos de su abuela (un vejestorio muy cascado) para intercambiar pareceres, ya que a ella le queda también poco (aunque no tan poco).

Bueno, pues tan estupendo argumento se lo carga Ozon poniéndose a la altura de la vacuidad de su protagonista. Eso sí, una imágenes preciosas.

El domingo vi “De latir, mi corazón se ha parado”. De Jacques Audiard. En las antípodas de la comentada arriba: unas imágenes en plan Dogma, una fotografía de ocres y grises de ínfima calidad y un montaje como de videoclip de rapero sin medios económicos. Pero la historia, ah…

La historia es relativamente sencilla: un mozo muy bruto sin aparente oficio ni beneficio se encarga del desalojo de inquilinos indeseables por cuenta de su padre, un mafiosillo del sector inmobiliario. La única oportunidad para salir de ese mundo (que no le disgusta del todo) es una audición que tiene fijada con el antiguo agente de su madre (que era pianista). El mozo resulta no ser ni tan bruto, ni tan carente de beneficio. Se prepara por su cuenta con ayuda de una virtuosa china recién llegada a París e intenta compaginar sus prácticas pianísticas con sus obligaciones matoniles.

Y ya está. Nada especialmente trascendental, pero hay más de lo que se muestra: la frustración, el deseo, el amor filial, el amor erótico, el amor sentimental, el afán de superación, la inercia, la fascinación por el arte, la fascinación por la violencia, las segundas oportunidades en la vida, la inmigración ilegal, el problema de la vivienda… y muchos otros. Unos intérpretes estupendos, y un guión excelente. Lo más llamativo de todo es que se trata de la versión francesa… de una película estadounidense.

sábado, 26 de enero de 2008

"Persépolis"

He estado en el cine, viendo “Persépolis” de Marjane Satrapí. Realmente no me apetecía mucho, pero no tenía un plan mejor. La película me parece ligeramente decepcionante; su animación es buena y el estilo gráfico potente. Pero lo que cuenta no está a la altura: autobombo, feminismo, relativismo cultural y equidistancia política. Bah. Me da la impresión de que la señorita Satrapí debe de ser una mujer absolutamente insoportable en su vida privada.

Justo detrás de mí, sentados, dos mozos agradables que hablaban en susurros acerca de la degeneración social del mundo musulmán. Voces bonitas, bien articuladas; ideas sensatas expuestas con ajustada sencillez...

Camino de casa, decido tomar un último café y me detengo en un bar. No hago más que entrar cuando aparece un chico (no tanto: 35 años o así) vestido como Mister Talego 1.980, el pelo churretoso de gomina, agitando un llavero que puede pesar seis kilos, y consultando un móvil que parece el sueño de un makinavaja subsahariano aficionado al kitsch alemán de fantasía. Aunque hay sitios de sobra, deja el coche –a su imagen y semejanza- en segunda fila, de manera que otros clientes, al marcharse, tienen que volver sobre sus pasos para pedirle que lo retire. El tipo ese será lo que muchos denominan “buena gente” pero nadie empaquetado así y que grite como un monitor de natación de sordomudos puede contar con mis simpatías. Esfuerzos tuve que hacer para morderme la lengua y reservarme los muchos sarcasmos que se me iban ocurriendo.

miércoles, 2 de enero de 2008

Mariví Bilbao / David Lych

Yo creo que concedemos demasiada importancia a la muerte en general y a los cadáveres en particular. Hace no mucho estuve escuchando por la radio a Mariví Bilbao, protagonista de una película española presentada en el festival de Venecia, y la mujer –graciosa y bastante petarda, pero consciente de serlo y por lo tanto disculpable- hablaba precisamente del tema y decía que la muerte es la única certeza de la vida, y que nos va a tocar a todos, y que debemos ser conscientes de que es algo natural que hay que afrontar con serenidad y sin afán de protagonismo. Muy simpática. Se le nota el kilometraje; tiene la lengua como un látigo y es políticamente incorrecta y fumadora, y seguro que bebe como un cosaco.

Debe de resultar un poco desconcertante alcanzar el estrellato a los 75 años ¿no? Porque llevará toda la vida actuando, pero no creo que hasta participar en “Aquí no hay quien viva” haya pasado de la categoría de tercera vicetiple de teatrillo ambulante.

Bueno: la película. Dirigida por Noséquién Chapero-Jackson. Debe de ser hijo de un juez o de un registrador de la propiedad, que suelen perder el culo por los apellidos con guión interpuesto. Como si un apellido inquietante no bastara, va y le pega el tiro de gracia con otro casi peor. Si yo me apellidara Chapero intentaría no llamar la atención. Y en vez de dedicarme al cine trabajaría en un faro. Te hablan de un tal chapero Jackson y te imaginas a un prostituto negro con los belfos inflamados de practicar felaciones a los capataces esclavistas de la Luisiana del siglo XVIII. ¿O no?

Supongo que la suya será otra de esas películas que no verá nadie y que, misteriosamente, cosechará excelentes críticas en la prensa de alcance nacional sólo por el hecho de ser española y estar protagonizada por una tía muy maja.


Hay que acabar con:

El cine de David Lynch. Es posmoderno en el peor sentido de una palabra que no tiene sentido bueno. Si David Lynch fuera luxemburgués o lituano los mismos críticos y aficionados a los que encandila le perseguirían por las calles para colgarle de una farola. Pero como es estadounidense se creen que está por delante de nosotros en la escala evolutiva cinematográfica, y no es más que un vendedor de alfombras intentando colocar un kilim de poliéster a una abuela fumadora con problemas para sostener el cigarrillo entre los dedos. Vamos, un desalmado. El cine de David Lynch es como las instalaciones de video con tipos clavándose imperdibles en las tetillas o las performances directamente inspiradas en la digestión de una cabra. Ojalá aparezca un ángel exterminador del mundo del Arte y acabe con todos estos caraduras y con los críticos y fans que mojan las bragas cada vez que paren una de sus ocurrencias. Acabo de ver “Inland Empire” y me siento como un boy scout sodomizado por la sección de voces graves del Coro del Ejército Soviético. Que “Inland Empire” no se entienda es lo de menos: lo malo es que te mantenga tres horas aferrado a la butaca esperando que suceda algo que no sucede en ningún momento. A mí que no tenga ni pies ni cabeza me da igual, porque no hay cosa que odie más que esas películas (policiacas, sobretodo) donde atan los cabos sueltos en los últimos diez minutos del metraje; pero es que es aburrida. Ves una película de Federico Fellini y tampoco entiendes nada pero te lo pasas bomba y pides más. El humor de David Lynch, si existe, es eliminado en la sala de montaje. A parte de una chica polaca sensacionalmente guapa con un papelín absurdo y de la música (notablemente Panderecki), lo único destacable de este bodrio inquietante es Laura Dern. Qué pedazo de actriz. Porque la tía no sabe en ningún momento qué cojones pinta en esa tomadura de pelo, y sin embargo lo disimula a la perfección.

Hay que apoyar a:

Mi trabajo en la cocina.
Me cuesta el mismo esfuerzo anímico guisar un dromedario relleno que freir un huevo. Pero ya que hay que cocinar, puesto que hay que comer, que sea con estilo. Suele suceder que tanto trajín me quite el apetito; entonces me siento ante el plato sin otra aspiración que retirarme al sofá para mordisquear un trozo de pan con un libro entre las manos.

Ayer deshuesé un pollo. Quedó como un mujaidín que se hubiera hecho volar por los aires con un cinturón-bomba. Me hizo sentir muy orgulloso de mí mismo. Debería haber rellenado el cadáver con una fritanga de jamón, pero me confundí de receta y lo rellené de verduras y en lugar de introducirlo en el horno lo guisé. Pero quedó bien; se pudo comer, y congelé el sobrante. Supongo que los grandes cocineros (¿no hay grandes cocineras o qué?) han descubierto sus mejores platos metiendo la pata hasta el hondón.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Cartelera 2008

El departamento de Cultura ha presentado las películas que competirán el año que viene en los festivales de Cannes, Berlín y Venecia representando a la vigorosa industria cinematográfica navarra. Estos son los argumentos de todas ellas ordenadas según su género, que no según su mérito:

Almodovariano. La sombra de Pedro Almodóvar es alargada, y sus seguidores legión. “Votantes al borde de un ataque de sensatez”, crónica del pánico desatado en la sede central de UPN la semana previa a las últimas elecciones. “Todo sobre tu madre”, la difícil relación de un padre y un hijo separados por el capricho de una juez políticamente correcta.

Americanada. “Siete novias para siete hermanos maristas”, musical rodado en el seminario, regocijo viril, vigorosos números de baile y duchas frías.

Aventuras. “Eskaramutx”, el clásico de Sabatini euskaldunizado (v.o. batua con subtítulos en castellano)

Bélico. “Los cañones de Hondarribia”, un comando de guardias forales intenta destruir los cañones apresados por los guipuzcoanos en Belate en el siglo XVI.

Bergmaniano. Los cineastas navarros son considerados universalmente como herederos legítimos de Ingmar Bergman, por eso no cabe una única película en esta selección. “El séptimo sueldo”, la partida de ajedrez entre la muerte y un director general a su regreso de un viaje a Madrid “Brutas salvajes”, o las coces que recibe un chico sensible al intentar entablar conversación con un grupo de nativas en la barra de un bar

Ciencia ficción. “Men in red” las aventuras de una pareja de forales secretos desenmascarando alienígenas a lo largo y ancho del viejo reino.

Denuncia social. También aquí, el elevado grado de civismo de los artífices navarros ha imposibilitado la elección de una sola obra. “La ley del silencio administrativo”, cruda historia de ninguneo soportado por un infeliz cuya paciencia tiene un límite, “Solo en casa” los sueños de privacidad de un ecuatoriano en un piso compartido.

Erótico. “Misión imposible”, los infuctuosos intentos de Rocco Sifredi por ligar con unas estudiantes de la UPNA y la demostración de que dentro de un vaso de sidra sí le cabe el miembro viril.

Españolada. “Navarra foral y española”, versión cinematográfica de la popular zarzuela de Jaime Ignacio del Burgo

Felliniano. Otra de las influencias decisivas de los artífices navarros que imposibilitan una única elección. “Ahcopón!”, los nostálgicos recuerdos de juventud de un garrulo descerebrado de una peña cualquiera (por ejemplo, del Muthiko) “Y el AVE va”, una mordaz sátira sobre la conexión navarra a las líneas de alta velocidad

Humor. “Algo pasa con Agurtzane”; Agurtzane, la neska más jatorra de la ikastola, sigue trayendo de cabeza a un morrosko que contrata los servicios de un txakurra para averiguar qué ha sido de su vida. Atención a la hilarante escena de los testículos del protagonista enganchados en las borlas de su chaqueta vasca.

Policiaco. “Asesinato en el Plazaola”. Libre adaptación de una novela de Agatha Christie.

Posguerra. “Pelillos a la mar”, los intentos de un requeté por reescribir la historia familiar ante la inminente boda de su hija con un jauntxo vizcaino forrado de pasta.

Religioso. “La vida de Andrés”, una parodia de la vida de Brian, ambientada en Estella. Atención a la escena en la que unos homosexuales casados se disfrazan de heterosexuales casados y lapidan a un librepensador

Romanos. “Recortator”, las aventuras de un recortador de vaquillas del Ager Vasconum en las arenas del Circo Maximo romano

Romántico. En este caso, la producción es tanta y de tan alta calidad que se han seleccionado dos obras señeras: “Un hombre y una mujer como dios manda”, el amor de una pareja de misioneros seglares por las calles de París y “Almadía”, el idilio de dos almadieros cuya embarcación choca contra un iceberg en aguas del Esca.

Terror: “El proyecto de la bruja de Irati”, la misteriosa desaparición de unos turistas valencianos adentrados en la selva de Irati para admirar los colores de las hayas otoñales, grabada con sorprendente naturalidad por un buscador de setas aquejado de parkinson.

domingo, 16 de diciembre de 2007

"Troya"

Ayer estuve viendo “Troya” de Wolfgag Petersen, porque tenía síndrome de abstinencia cinematográfico. Sabía que era una película mala, así que estaba preparado para lo peor. “Troya” aborda esta historia desde una perspectiva como de superhéroes y se toma unas libertades que deberían incitar al gobierno griego a emprender acciones judiciales. Con decir que en una escena costumbrista sale un tipo tirando del ramal de unas... llamas.

Eric Bana en el papel de Héctor y Orlando Bloom, en el de Paris, son los únicos actores que actúan. Los demás se limitan a poner caras.

La actuación de Brad Pitt produce náuseas.

Los únicos príncipes troyanos que intervienen en la película son Paris y Héctor. Los guionistas eliminan a Deífobo, que tienen una participación destacada en la guerra (se casa con Helena cuando Filoctetes mata a Paris), a Casandra y sus predicciones, a Eneas que sobrevive a la guerra para fundar la ciudad de Roma, a Filoxena con quien pretende casarse Aquiles… Eliminan a las amazonas (con el juego cinematográfico que podrían haber dado) y confunden a Criseida con Briseida y y y…

Siempre me ha llamado la atención de que Paris, el héroe más afeminado de toda esta historia, sea el único que haga algo movido por el amor a una mujer.

Entre las cosas más ridículas (a parte de la banda sonora) están: el actor que interpreta a Ayax, un tipo con aspecto de gay vigoréxico peludo; los ejércitos, dignos del Señor de los Anillos; el urbanismo de Troya; que los buenos -o sea, los griegos-, sean rubios mientras que los malos, los troyanos, sean morenos; que Aquiles sobreviva a la guerra y huya con Briseida después de matar a Paris en el palacio de Príamo.

No sé dónde habrán rodado las escenas de masas pero entre los figurantes hay sudamericanos por un tubo y hasta chinos. Por cierto que en vez de ir vestidos de griegos van vestidos de asirios. Pero creo que lo peor es el tinte del pelo de Brad Pitt.

La verdad es que era mucho más homérica y más sincera una versión francesa de la guerra de Troya que vi en mi infancia (Brigitte Bardot hacía de Casandra y Rossana Podestà de Helena) (jo, parezco Terenci Moix). Espero que algún día un director europeo reinterprete la batalla de El Alamo a su manera, o el asesinato de Lincoln, para que los yanquis aprendan a ser respetuosos con nuestra historia y nuestras leyendas.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Alatriste

Un canal de pago emitió el jueves “Alatriste”, de Agustín Díaz (que no John Ford). Un bodrio según la novela de Arturo Pérez (y no Lev Tolstoi). El tono general de la película se regodea con las rimbombancias compensatorias de la Leyenda Negra, y habría sido muy del gusto del cura supermegafacha que me impartía clase de Historia en el colegio. Mal que les pese a sus responsable, “Alatriste” ha tenido que chiflar a los franquistas de bigotito fino, gafas oscuras y peinado de cortinilla.

Con lo que me gustó “Sin noticias de dios”, una película que rebosa épica, cualidad esencial en una historia de capa y espada y que aquí falta por completo. La fotografía, sí, está cuidada. Y el diseño del vestuario. Hay, sí, unos cuantos decorados y unos cuantos exteriores vistosos, pero están captados de un modo que titubea entre el preciosismo y el intimismo y que se queda en una desesperante mediocridad. Vale, participan y actúan Viggo Mortensen y Ariadna Gil pero también participan (y perpetran) argh, ese actor asturiano supuestamente guapo cuyo nombre ahora no recuerdo, y qué horror, Pilar López de Ayala y aquel otro espantoso que hizo de enfermero en una película de Almodóvar, entre otros muchos negados para la interpretación.

La música es sencillamente una afrenta. Deberían haber colgado de una jarcia al responsable (Un duduk, por dios) (Guitarras aflamencadas en el peor estilo de journal télévisé francés como fondo a una noticia relacionada con España) (¿Y toda la cultura musical europea de la epoca?). Los movimientos de la cámara, torpes. Los combates, aburridísimos (tal vez, sí, muy realistas, pero a una película no le pides realidad sino credibilidad). La escena final, la batalla de Rocroi, produce vergüenza ajena. Se supone que fue una debacle en la que participaron miles de hombres de armas de España y de Francia: sólo se muestran dos docenas.

Descanse en paz:

Fred Chichin (1.954-2.007), mitad masculina de Les Rita Mitsouko. El pop francés nunca volverá a ser interesante

lunes, 26 de noviembre de 2007

"Night on earth"

El otro día saqué una película del videoclub, “Night on earth” de Jim Jarmusch, engañado por una crítica incomprensiblemente buena. Debería haber recordado a tiempo que “Dead man” me pareció espantosa.

Seis historias sin otro nexo en común que otros tantos taxis. La primera, protagonizada por Gena Rowlands y Wynona Ryder. Gena Rowlands se limita a estar elegante, sabiendo que su papel no hay dios que lo salve. Wynona Ryder, que no debe de ser tan lista, perpetra la peor actuación de su carrera.

La segunda está protagonizada por Armin Muller-Stahl, que hace lo que puede con un guión horrible, y Rosie Pérez, que se limita a gritar “fuck!” con su irritante voz de impúber. El idioma inglés es paupérrimo a la hora de proferir insultos, todos basados en el fuck y el ass.

En la tercera, que es la única salvable, aparecen Beatrice Dalle y un negrazo imponente. Ella está bastante mal, haciendo de ciega botonuda, y él está correcto claro que apenas tiene que hacer otra cosa que conducir. El mejor fragmento de la película: cuando suben dos pasajeros africanos, supuestos diplomáticos, absolutamente pasados de rosca: muy divertidos.

La siguiente historia está protagonizada por Roberto Begnini, asesinable total, y un actor italiano desconocido que simula un ataque cardíaco y es incapaz de mantener los ojos quietos para fingirse el muerto.

Por último, una historia ramplona ambientada en Helsinki: sin el menor interés salvo el de oír a tres actores hablando finés, que es el idioma más eufónico (con permiso del griego) y más viril que yo conozca.

martes, 25 de septiembre de 2007

Richard Gere, txapeldun

Díos mío, qué bajo ha caído el Festival de Cine de San Sebastiáni. Le han concedido un premio a Richard Gere. Uno de los peores actores de la historia. Eso sí, bonito el pelo, deslumbrante la sonrisa, envidiable la percha.

La pasada semana vi el dvd de “Días de cielo”, una película de Terrence Malick de la que guardaba buen recuerdo. Ganó un oscar por la fotografía y no me sorprende (se merecía alguno más). Está rodada prácticamente durante los crepúsculos; tuvo que ser exasperante. Ambientada en los años diez del siglo pasado, describe un triángulo amoroso en una enorme granja perdida en mitad de las llanuras de uno de esos estados cuadrangulares de Norteamérica. ¿Por qué artisticamente interesarán tanto los triángulos y las infidelidades y esas cosas? Fíjate, por una vez la geometría, la geografía y el amor tienen algo en común.

Bueno, en Ddc se describen labores agrícolas, se retrata el paisaje, se muestra el comportamiento de los animales salvajes y domésticos que se mueven por ahí, se recrean yo creo que hasta olfativamente las vestimentas, se alternan las estaciones… todo engalanado con una banda sonora (en sentido literal) fastuosa y con una música tan bonita que a veces te hace olvidar las imágenes que estás viendo. Vamos, lo mismo que hizo Bertolucci con “Novecento” pero sin carga política.

Todo sublime, excepto los intérpretes. Richard Gere de protagonista. A quién se le ocurrió contratar a Richard Gere. Y Sam Shepard… Qué pareja de bellos sin alma. A veces parece que estés viendo un plublireportaje para la temporada primavera/verano de Cortefiel de 1978. Curiosamente las actrices (Brooke Adams, Linda Manz) son bastante feotas, pero saben actuar. Si Malick hubiese escogido a tipos más duros o simplemente a actores verdaderos, los críticos despiadados no habrían dicho que sólo sirvía para filmar pasteladas. A consecuencia de los varapalos recibidos, se tiró como 25 años o así en un sanatorio mental hasta rodar su siguiente película: “La delgada línea roja”.

martes, 11 de septiembre de 2007

"Matar a Bill"

El otro día, la Televisión del Estado Español ofreció “Kill Bill”, de Quentin Tarantino, así que las vi nuevamente, y me reiteré en la opinión que me formé la primera vez: un montador con dos cojones debería haber quitado muchas cosas de la segunda parte, la más floja, especialmente el absurdo episodio del adiestramiento de Uma Thurman en China y el interludio aún más absurdo en un putiferio mexicano, por no hablar del poco inspirado discursito de David Carradine acerca de los superhéroes. Nos habría ahorrado una hora de metraje. Eliminando un par de tonterías de la primera parte, que es mejor, (la matanza de los esbirros de Lucy Liu, especialmente) y juntando ambas, habría quedado una estupenda única película. Quentin Tarantino adora los tiempos muertos, y los resuelve muy mal.

Hay que acabar con:

La novelística británica contemporánea. Estoy leyendo ahora una novela inglesa. Mala. Prosa de teletipo. No me gustan los escritores ingleses. Viven en un mundo irreal. En la tercera página ya aparecía una lady No-sé-qué, y en la cuarta los protagonistas estaban hablando de sus escuelas privadas superelitistas. Supongo que antes de terminar el primer capítulo habrá salido un vicario
anglicano comiendo pastel de ruibarbo… Y está ambientada en los años 90 (del siglo XX)…

sábado, 1 de septiembre de 2007

"Lost in Traslation"

Ayer estuve viendo "Lost in Traslation", que los críticos en su momento pusieron por las nubes. La verdad es que la vi con muchas reservas puesto que se trata de una película de Sofía Coppola, autora de "Las vírgenes suicidas", un horror sin paliativos que me hizo perder la fe en el cine durante una larga temporada. LiT Cuenta la historia de un cincuentón y una veinteañera que coinciden por motivo de trabajo en un hotel y se hacen mutua compañía para aligerar sus soledades. Todo muy corriente, salvo detallitos sin importancia como que él es un actor que está rodando un anuncio publicitario por el que le pagan 2.000.000 de dólares, y que ella es una licenciada en filosofía con problemas existenciales, esposa de un fotógrafo exitoso, y que el hotel es el más exclusivo de Tokio. Vamos, real como la vida misma. Si se desarrollara por ejemplo, en Vigo, y se alojasen en la Pensión Rianxeira y él fuera un comercial y ella una cajera de supermercado seguro que no la nominaban a los Oscar. Pero claro, con la excusa japonesa, te sacan unas escenas de ikebana, el monte Fuji, las apreturas del metro, las inevitables anécdotas gastronómicas, los equívocos lingüísticos… todo bien adobado con música moderna y luces de neón y, hala, los críticos deslumbrados.

Curiosamente, son los mismos críticos que luego se extasían ante una película inane de las islas Far Oer o de Burkina Faso. Tal vez para compensar, ahora que lo pienso.

Hay que acabar con

La gente incapaz de captar la ironía. Por ejemplo, te inventas una población ficticia (Villachotos del Páramo) y una disciplina científica (fonoterapia) que disimulen el objeto de tus diatribas, y empiezas a recibir cartas de protesta gracias a las cuales averiguas que hay un Villachotos del Páramo cerca de Ponferrada, otro en el estado de Chihuahua, Mexico, y un despoblado a treinta kilómetros al norte de Tucumán, Argentina. Y resulta que el Colegio Profesional del Muy Antiguo y Noble Gremio de Fonoterapeutas ha interpuesto contra ti una demanda por difamación ante la Sala de Crímenes Capitales del Tribunal Supremo.

Hay que defender a:

La candidatura de Carmen Santonja y Gloria van Aerssen (Vainica Doble) para el Premio Cervantes. ¿No se lo han dado a Bob Dylan? ¿No se postula a Bob Dylan para el Nobel de Literatura, que ya han dado a Darío Fo y a Elfriede Jalinek -por ejemplo-? Elena y Gloria son mejores poetisas que Bob Dylan, y tocan la guitarra mejor, y cantan mejor, y son más simpáticas y más guapas. Aprovechemos que una de ellas todavía vive. También defiendo la candidatura de Alfonso Pérez, el letrista de los Esclarecidos, que es UN GENIO.

lunes, 27 de agosto de 2007

ცამეტი

Es una película francesa de Gela Babluani, rodada en blanco y negro y hablada en francés y en georgiano (lengua que parece que no tenga vocales). Me ha convertido en un misántropo sin vuelta atrás. Transcurridos unos días, tengo la suficiente objetividad como para afirmarme en mi primera impresión: es la película más dura que haya visto en mi vida. Si llego a saberlo ni me la planteo. Yo creo que lo ideal es verla sin saber muy bien de qué va, sin haber leído una sinopsis ni visto el trailer. La publicidad cinematográfica hace un flaco favor a la difusión de ciertas películas. Lo mejor es verla a solas y desprevenido, sin novias femeninas ni amigotes machotes. A cuerpo gentil. Porque "Tzameti" es ante todo una película de terror. De terror verosímil y posible, incluso probable. Sin zombis. Sin sangre. Sin adolescentes. Sin estupidez


Hay que acabar con:

La adjudicación de jefaturas de libre designación en la administración foral. Eso supone que los cargos políticos bajen en el escalafón mucho más de lo que sería deseable para el administrado. Con un cambio de gobierno deberían cambiar los consejeros y los directores generales, pero no el jefe del Negociado de Bedeles del departamento de Obras Públicas y Destrozos Paisajísticos, equipable en el mundo real al becario de un botones de una empresa cualquiera. Porque el clientelismo es como de república bananera y porque el frufrú de las bajadas de pantalones en los últimos días ha provocado más de una trastorno auditivo (esperemos que pasajero)

La liga de futbol. Que un sistema de control de masas tan burdo sea tan popular dice poco a favor del carácter de la mayor parte de la gente. Pagar las millonadas que se pagan a unos analfabetos por darle patadas a un balón en un juego aburridísimo y encima concederles importancia es algo que deja a la altura del barro a la mayor parte del género humano.

Hay que apoyar a:

La gente que habla claro. Verbigracia, a quienes distinguien entre “estar normal” y “estar bien”. Los posmodernos nos quieren hacer creer que estar normal es estar gordo. Y eso es estar mal. De 22 años en adelante, el 80% de la gente está gorda. Se comprueba perfectamente en cualquier playa o en cualquier piscina. El porcentaje alcanza el 99% en regiones como La Rioja (alucinante la cantidad de gordos y muy gordos que pueblan las calles de Logroño). La tiranía de la corrección política ha impuesto un apartheid a los delgados. Cualquier persona que se mantenga esbelta a partir de cierta edad es etiquetada como “anoréxica” o “drogadicta” y si algunos gordos no lo estuvieran tanto como para no fatigarse subiendo y bajando los bordillos, se cruzarían de acera.

sábado, 21 de julio de 2007

“El libro negro”

Recientemente estuve viendo “El libro negro” (“Zwartboek”) y la primera pregunta que me vino a la cabeza fue ¿por qué algunos directores de cine europeos se trasladan a los EE.UU. para rodar películas infames cuando en Europa disfrutan de una libertad creativa inigualable? Por el dinero, me respondí a mí mismo. Supongo que Paul Verhoeven, que no tiene un pelo de tonto, habrá exprimido lo suficiente a los inversonres del otro lado del Atlántico como para volverse a los Países Bajos y rodar películas de verdad sin preocuparse de su rendimiento económico. No olvidemos que los holandeses son además de unos excelentes cultivadores de tulipanes, unos temibles bucaneros. “El libro negro” me parece soberbia, su mejor obra con diferencia y sólo tiene un “pero” (bueno, dos: el título es demasiado plano): por momentos resulta poco verosímil. Está inspirada en una autobiografía, pero eso no significa que todo cuanto se narra en ella sea cierto. Lástima, porque al final uno tiene un poco la sensación de haber visto las aventuras de la madre de James Bond. La protagonista, Carice Van Houten, es tan guapa y tan femenina que produce la atracción de los abismos y –dios bendiga a las actrices europeas- no tiene el menor reparo en posar desnuda.. El guión es muy inteligente, los movimientos de cámara son soberbios (y la fotografía, portentosa), la ambientación perfecta, la música ajustada, las interpretaciones de antología…

Al día siguiente me llevaron a la proyección de “Ocean’s… ¿fourteen?” y si no hubiese estado acompañado me habría largado a los quince minutos. Total, para ver lo mal que envejece Ellen Barkin y comparar mi propio envejecimiento (igual de calamitoso) con el de George Clooney o el de Brad Pitt (este hijoputa ha debido de firmar un pacto con el diablo) me quedo en casa investigando por internet. Qué película más aburrida y mala… Qué horror.

viernes, 22 de junio de 2007

"Brokeback Mountain"

En su momento vi “Brokeback Mountain”, de Ang Lee. No me gustó. Intenté no verla, pero me arrastraron. Temía que el cine estuviera lleno de mariquitas militantes con la bandera del arco iris cosida en la solapa. Pero no: sólo había parejas mixtas silenciosas, y grupúsculos de mujeres que se reían como idiotas por cosas carentes de gracia. Ahora he vuelto a ver esa película, a solas y cómodamente derrumbado en el sofá, en versión original con muchos subtítulos (los actores hablan serrao serrao, que diría un cashero), intentando no recordar que Ang Lee dirigió también “El banquete de bodas” y “La tormenta de hielo”.

Brokeback Mountain” sigue sin gustarme: es buena, pero insulsa. O peor: es insuficiente. Su guión carece de dramatismo; una cosa es la contención y otra la falta de contenido. Por de pronto, narra una historia que se desarrolla a lo largo de veinte años. Habría sido mejor ceñirla a un lustro. Los dos vaqueros homos, que en realidad no son expuestos como tales, se acuestan nada más conocerse. Eso contradice el carácter que les han otorgado los guionistas. Lo que les cuadraba era enamorarse, sí, pero sin declaraciones, y sin sexo –o poco sexo-. Deberían haber estado planteándose su relación, o falta de relación, hasta que la muerte de uno de ellos, accidental o no, pusiera fin abrupto a la historia. Sí que están bien desarrollados los pormenores de falta de autoestima, las relaciones familiares anémicas, el fracaso desde la cuna... Pero eso no basta. No hay épica, no hay romanticismo. Se queda en una especie de análisis calvinista sobre la predestinación, con música country –que odio-, paisajes pintorescos, caballos y ovejas. Pero, aunque posible, no es plausible. Y tan lenta, tan larga, tan tediosa.

jueves, 10 de mayo de 2007

"Master and commander"

Ayer estuve viendo “Master and commander” de Peter Weir. Es buena, pero está a años luz de “La última ola”. Aun y todo me gusta bastante más que cualquiera de los libros de Patrick O’brien, en los que se inspira. El tema marinero me aburre porque soy del interior. Además, las novelas de O’brien me parecen arquetípicas y de una misoginia que asustaría a un moro. Pintan a Napoleón Bonaparte como si hubiera sido una mezcla de Hitler y Stalin, y su autor está convencido de que todo el mundo debe gratitud eterna a Inglaterra por habernos librado del Tirano.

Pero “Master and commander” es entretenida y yo creo que realista, sin demasiadas chorradas patrióticas, y sin trama romántica metida con calzador.

Muy dura a veces, pero excesivamente decorosa... Imagino que en un barco de la época lleno de grumetes y de guardiamarinas adolescentes guapitos por un lado y de soldadotes y marinos resabiados y peludos por otro, realizando singladuras de meses, tenía que haber algo más que suspiros y miradas de soslayo. Pero, en fin, Hollywood y su mojigatería.

La mejor conclusión que saqué de esta película, es que la guerra es un horror, y que la guerra en un barco es un horror más horrible todavía.

martes, 17 de abril de 2007

"Apocalypto"


He visto “Apocalypto” de Mel Gibson.

Dejé de ir al cine porque me parece abusivamente caro y porque no me gustan las películas dobladas. Pero “Apocalypto” se proyecta con subtítulos, ya que está rodada en lengua maya y ha sido exhibida así, tal cual, en las salas del país que la produce. No comprendo por qué traducen aquí las películas francesas, o inglesas, que tanta gente podría seguir sin excesivos problemas. Esto sólo puede suceder en España.

No me gustó la anterior película de Mel Gibson, un spaghetti-western titulado “La Pasión". “Apocalypto” es mejor. Mucho mejor. A pesar de toda la violencia que muestra, y que no había manera de soslayar. Reaccionaria, también. Pero bueno, no todo va a ser progresismo en esta vida. Al menos, no pretende engañar a nadie. Agradezco el esfuerzo de Gibson por recrear una atmósfera plausible, empeño infrecuente en esta triste época de correcciones políticas y otras censuras posmodernas. Los mayas eran unos terroristas, al mismo nivel que los aztecas, y su civilización lo más cercano al infierno en la tierra que nadie pueda imaginar. Gibson se toma algunas libertades, como mostrar navíos castellanos antes de hora, pero son perfectamente disculpables: las aproximaciones de Hollywood al medievo europeo suelen rozar el delirio.

La primera mitad me parece una película de terror puro. No lo pasaba tan mal en una butaca desde que vi “El Exorcista”. Vaya manera de soltar adrenalina. Que conste que no era el único espectador horripilado.

La escena de los sacrificios humanos es horrorosa por bien conseguida, por no inventarse nada aunque presenta dos incorrecciones: los sacerdotes mayas no brindaban los corazones al más bien benevolente Kukulkán, sino al sanguinario Huitzilopochtli; y el pueblo no arrojaba los cadáveres decapitados a una fosa a cielo abierto: los devoraba. Creo.

La escalofriante pompa de los mayas: esas mujeres de la nobleza, ultraterrenas, pintadas, depiladas, adornadas con plumas y turquesas; la familia real al completo en la cima de la pirámide, disfrutando de los asesinatos como si fuera una pantomima; el gesto de autosuficiencia del sumo sacerdote ante el eclipse de sol que, naturalmente, su ciencia ha previsto... Los forzados en las caleras, vomitando sangre; la gente muriéndose de hambre en los maizales arrasados por la plaga; el mercado de esclavos... La reducción del ser humano a la condición de un animal... de un animal aprovechable no como fuerza de trabajo, sino como alimento. Qué horror.

La segunda parte me gusta algo menos porque resulta poco verosímil, parece extrapolada de una aventura de Arnold Schwartzenegger. Vale, el protagonista es un atleta, y le impulsa una doble determinación muy poderosa: rescatar a su mujer y evitar una muerte atroz a manos de sus enemigos. Pero por extraordinaria que sea su condición física tras una captura, un cautiverio y una fuga que comprometerían la salud y la cordura de la persona más afortunada de su mundo (o del nuestro) no bebe ni come en días, sufre un flechazo que le atraviesa de parte a parte la zona del hígado, se topa con un jaguar, sufre una segunda herida de flecha que le roza la aorta, salta por una catarata, trepa a los árboles, se pelea a muerte con sus odiosos perseguidores... y finalmente y después de acabar con todos ellos (bueno, quedan dos pero abandonan la cacería), rescata in extremis a su bellísima esposa (la única maya cuyos dientes lucen bellos), recién parida en un cenote inundado y se larga a una tierra menos inhóspita como si toda la peripecia hubiera sido producto de su imaginación.

Mucha de la gente que desconoce y menosprecia la historia de la Conquista de América, se sorprenderá al descubrirse pensando que después de todo la acción de la corona de Castilla fue civilizadora.

Hay que apoyar a:

Georgia, por cambiar su bandera posmoderna (perdón, postsoviética) por otra histórica, llena de cruces, mucho más bonita y más georgiana.

Las personas que estudian idiomas extranjeros que no son inglés. A los estudiantes de francés, de ruso, de chino, de japonés, de amhárico, de wolof… Curiosamente, quienes estudian inglés lo suelen hacer con vistas a prosperar en el trabajo (esos economistas madrileños que hablan inglés con acento cheli me parecen impagables) cuando prosperarían mucho más fácilmente gracias a idiomas con verdadera demanda como son el portugués, el árabe o el swahili, por los que únicamente se interesan filólogos, excéntricos y cerebrines

miércoles, 4 de abril de 2007

"Chinatown"

He visto una película en dvd que me ha gustado bastante: "Chinatown" de Roman Polanski. He intentado leer los subtítulos en inglés, pero no pillaba gran cosa, así que me he pasado a la rotulación en castellano. El guión es muy bueno, y las interpretaciones magistrales, sobretodo la de Jack Nicholson. Me gusta su personaje: un investigador privado que se cree mucho más listo de lo que es realmente y cuyas pesquisas acaban mal por su exceso de visión. También está muy conseguido el personaje que interpreta Faye Dunaway: una ninfómana respetable que demuestra tener un gran corazón además de un gran chocho. Lo mejor es, sin embargo, la música de Jerry Goldsmith. El diseño de producción cojea, y la dirección resulta un poco plana. Siempre he echado a faltar algo en las películas de Polanski. Ya sé qué: mugre. Sus decorados son demasiado rectilíneos, demasiado pulcros, demasiado monocromáticos. Por eso sus únicas obras plausibles son las de época ("Tess" y "El baile de los vampiros"), anteriores a la aparición de concepto de higiene.

Hay que acabar con:

Dios. Dios no existe y si existe, no le importamos. Da igual en qué deidad creas: en el cejijunto Yahveh, en el sanguinario Alá, en el terrorífico Baal o en el ciclotímico Dios. Todos se portan parecido, lo único que cambia es el nivel de sacrificio que imponen a sus adoradores. La vida sería tal vez más llevadera si dios fuera como el ratoncito Pérez o como Mary Poppins: un personaje de ficción que no exige nada de ti salvo tu sonrisa. La vida no es un regalo divino. La vida es un azar cósmico más o menos afortunado. Nuestra existencia no tiene sentido. No hay un plan. Nuestras almas –nuestras consciencias- se desvanecen con la muerte y punto. Todas las declaraciones de amor calladas, todas las reconciliaciones aplazadas, los perdones no expresados, las muestras de cariño reprimidas, todo eso y mucho más no dispondrá de una segunda oportunidad en otra vida. Porque no hay otra vida.

El Festival de Eurovisión. Perdí todo el interés cuando participaron Franco Battiato y Alice por Italia y le dieron el premio al representante de Yemen del Norte. Si ser europeo implica algo así, yo pido mi baja voluntaria como ciudadano de este continente.

Los Cuarenta Principales. En mi época eran lo peor de lo peor. Nadie con un mínimo criterio musical escuchaba esa merienda de negros de las discográficas patrias. Y la prensa les hacía luz de gas. No puedo comprender cómo han perdurado hasta nuestros días. Ahora algunas personas se jactan de escucharlas, en plan ofendido agresivo: "¿Qué pasa? Soy un lolailo y escucho los Cuarenta, ¿y qué?"

Hay que apoyar a:

Los investigadores que ponen su ilusión y su talento en tareas que redundan en el beneficio común por cuatro duros mientras que muchos deportistas semianalfabetos ganan millonadas por hacer estupideces en las que intervienen de un modo u otro una esfera golpeable.

La política de integración forzosa de los inmigrantes, sobretodo de los musulmanes. Ah, ¿que no existe esa política? Entonces acabaremos mal.

La gente que es simpática no sólo con sus amistades. La gente que cuando estás mal te dice algo para animarte en lugar de aprovechar la ocasión para hundirte.